¿Hasta dónde puede crecer Vox?

 

Bien gestionado, el incremento electoral de los conservadores puede, incluso, auparles al poder en un plazo razonable

  • Vox ha ocupado un espacio de descontento popular que le ha servido en bandeja Podemos
  • La dejación de funciones de Rajoy en la crisis catalana ha sido la chispa que le ha permitido conseguir visibilidad
  • En el próximo Parlamento es muy probable que se convierta en tercera fuerza política, a pocos escaños de los populares

Alberto Soriano (Politólogo y periodista)

¿Hasta dónde puede crecer Vox? Esa es probablemente la pregunta que toda España se está haciendo desde que hace casi quince días todas las encuestas se equivocaran y no previeran la entrada fulgurante del partido de Santiago Abascal en el Parlamento de Andalucía.

Dos semanas después, el ‘fenómeno Vox’ no deja de crecer como la espuma; sus expectativas de voto crecen y ya le sitúan en primera línea de la política nacional.

Encuestas a favor

Tanto, que incluso las encuestas de los medios más hostiles hacia los conservadores no les dan menos de 10 diputados. 

La realidad probablemente sea bien distinta y esa proyección de escaños sea mucho mayor. Eso se nota en las redes sociales, en las conversaciones de bar, en las pausas para el café en los trabajos… La televisión parece que ha encontrado un nuevo filón para atraer audiencia, y Vox y Santiago Abascal están presentes mañana, tarde y noche.

Pero volvamos a la pregunta inicial. ¿Hasta dónde puede crecer la formación verde? En Ciencia Política, -que de ciencia tiene lo justo y necesario-, hacer una previsión de lo que pueda ocurrir es complicado.

Pero vistos fenómenos recientes en España y en Europa, podemos extrapolar a nuestro país lo que en el continente hace 5 o 10 años que viene ocurriendo.

Fenómeno europeo

Y es que el cóctel crisis económica-inmigración-corrupción-desprestigio político ha dado a luz en el viejo continente a partidos como el Frente Nacional francés, la Lega italiana o Alternativa por Alemania. Esos son, quizás los más evidentes y populares. La llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos, con todos los matices del mundo, se puede inscribir también en ese contexto.

En España, en 2013-2014, ese espectro, ese descontento popular, se vehiculizó a través de un partido aparentemente trasversal como Podemos, que en el fondo y en las formas, -ideológicamente-, era y es puro estalinismo político.




15-M

Podemos, que venía a recoger presuntamente el espíritu del 15M, se convirtió en una Hidra que deglutió a los restos del Partido Comunista, y criticó a la casta política convirtiéndose en casta a renglón seguido. El chalé de los 600.000 euros de los Iglesias-Montero en Galapagar es el vivo ejemplo de ello.

Es la izquierda de salón de siempre: la que desprecia profundamente al ‘no intelectual’ (lúmpenes los llamó Pablo Iglesias en una conferencia); la que en cuanto alcanza el poder tiene querencia a la barra y a la mariscada. Nada nuevo bajo el sol.

Ese espacio cerrado del votante descontento se volvió a abrir cuando Iglesias se vendió al capitalismo para sí mismo, intentando vender comunismo para los demás. Es por ahí por donde ha entrado Vox.

Dejación de funciones del PP

Por ahí, y por la dejación de funciones del gobierno del Partido Popular. De facto, Mariano Rajoy dejó de ser presidente tras la moción de censura ganada por Pedro Sánchez con los votos de Bildu-ETA, de los separatistas y de los estalinistas.

Pero los populares habían dimitido de sus cargos mucho antes, cuando ante un desafío a la Nación como el Golpe de Estado de Puigdemont solo fueron capaces de aplicar un artículo como el 155 durante mes y medio, quitándose el muerto de encima y convocando elecciones autonómicas.

Ni supo responder a la España que se levantó poniendo sus banderas en los balcones, ni pudo dar respuesta a un separatismo que siguió tomando las calles, siguió dando su golpe de Estado, y siguió en su estrategia de secesión. Antes, con un presidente (Puigdemont) y ahora con su senescal Torra, que le rinde pleitesía en su cueva bruselense.

Cataluña

Ahí es donde Vox empieza a crecer. Cuando es capaz de llevar a prisión a los golpistas, cuando es capaz de dar una respuesta de firmeza ante un bofetón en la mejilla de la unidad de España. Cuando estábamos abandonados por un gobierno zombie, llegó un partido con un discurso distinto, que no decía, sino que actuaba, y cuyos resultados saltan a la vista.

Después empezaría a llegar el eco mediático, y tras eso el efecto de bola de nieve que solo se consigue a día de hoy o bien en los medios tradicionales, o bien a través de las redes sociales.

Día a día poniendo negro sobre blanco discursos políticamente incorrectos, pero que han sabido conectar con buena parte del electorado. En Andalucía, por de pronto, con 400.000 españoles. Para empezar.

El límite del crecimiento, por tanto, ¿dónde está? Depende de cómo se gestione la bonanza ahora que el viento sopla a favor. Pero Vox tiene todo para convertirse en la tercera fuerza parlamentaria solo por debajo de PSOE y PP en las próximas generales.

En las últimas, el todopoderoso PSOE estuvo a punto de sufrir el sorpasso de Podemos, cuando solo unos meses antes nadie hubiera dado un duro por los de Iglesias.

Ahora, puede ocurrir exactamente lo mismo con Vox, cuyo crecimiento, -si no cometen errores garrafales del tipo “chalé Galapagar”- puede ponerle en una situación de mucha proximidad al PP.



¿Y Ciudadanos?

¿Y Ciudadanos? Las dos Españas, el país del duelo a garrotazos que pintó Goya, la del ‘Españolito que vienes al mundo’ de Antonio Machado, la de ‘una de las dos Españas ha de helarte el corazón‘, están incrustadas en el ADN de la vieja piel de toro.

Las medias tintas, las posiciones indefinidas, los que se proclaman un año socialdemócratas, al siguiente pactan con la conservadora Libertas y al otro se definen liberales, son castigados antes o después. El votante pide coherencia; perdona al que roba, pero no al que miente.

Por eso, la capacidad de crecimiento de Vox es, -gestionada con cabeza-, infinita. Recuerden: Manuel Fraga y su vieja Alianza Popular tuvo 10 diputados en 1979; tres años después obtuvo 100 más.

El comportamiento político de los españoles es impredecible, pero el contexto sociopolítico, la Historia y la geopolítica mundial nos dice que todo es posible. Como diría Buzz Lightyear -y perdonen la cita infantil-, pueden llegar ‘hasta el infinito y más allá’.


Hasta donde puede crecer Vox




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